viernes, 30 de octubre de 2020

De un día indeterminado, sobre una persona determinada.

 Soy una montaña rusa de sentimientos y eso es lo peor y mejor de mi.

No sé qué pasa conmigo, estoy en mis días bajos y nadie en el planeta es suficientemente capaz de entenderme sin juzgarme.

No me siento en mi lugar, estoy descolocada y resulta que sigo terriblemente herida y quizás también sea porque volé muy alto con mis expectativas pero, aún así, me rehúso a aceptar que la vida es insípida e incolora.

Creo que los fantasmas del pasado nunca nos dejan ir por completo, a veces conseguimos bajar el volumen de sus voces pero ahí siguen,

aferrados, extrayendo/consumiendo toda nuestra vitalidad y no nos damos cuenta hasta que nos encontramos a nosotros mismos famélicos (como yo ahora),

por mucho que trate de esconderlo o ignorarlo.

Mis emociones no sólo son desbordantes, sino también confusas;

como la niebla, en gran espesor, no permite ver con claridad y, con niebla, no se debe manejar.

Por lo tanto, frené.

Modo avión activado.

Nadie puede hacerme bien, y todos me ponen un poco peor cada vez; quiero escapar, estar sola y esto es lo máximo que puedo hacer.

Creo que todos vemos a las personas, pero la verdadera realidad se esconde bajo nuestras mismísimas narices.

Siento no encajar en ningún lugar, no sé a donde pertenezco, ni mucho menos encuentro lugar para mi corazón, ni existe nadie a quien pueda confiarle su cuidado.

¿Estoy loca?

Tanto luché por una persona, para recuperarla, y de todos modos, no la pude sentir mía. 

Ya no era el mismo, y no sé si culparle al tiempo o a mis errores,

o a los de él,

o al daño que me hizo,

o al daño que le hice a él.

Me sentí sin valor, aún lo sigo haciendo. 

Eventualmente, asumí que venía a verme sólo por el hecho de ser conocidos, porque nos llevamos bien, pero su corazón ya estaba en otro lugar.

Me molesta ser tan sentimental.

Amo a flor de piel y sufro en carne vida.

Es la peor sensación del mundo.

Antes estaba bien, sin sentir, apegada a nada, ilusionada con nada y otra vez aposté todo a (evidentemente) la casilla errónea.

Nada está bien.

Tengo días tan grises.

Quiero desaparecer y ésta es la única manera de la que sé hacerlo, entre tinta y papel.