Una mujer reprimida queda inhibida de su poder, pero cuando esta lo recupera, hasta las paredes del inframundo temen a su porvenir.
Nos criaron sumiéndonos a los deseos de un sistema patriarcal que jura y perjura pero nunca nos ampara llegada la hora de la verdad. Si guardamos silencio y seguimos las reglas todo va a estar bien. Debemos agradecer e idolatrar a un misógino sólo por un techo y un plato de comida. Desear y rogar a los siete cielos por darle descendencia o nuestro lugar a la mesa es inestable como el clima. Una vez cumplidos los requisitos, queda aguantar y resistir hasta que nuestras luces se apaguen. Y fin. Pero eso no es vivir. Eso no es amor. ¿Dónde queda el progreso? ¿Estamos de acuerdo con la mera conformidad? Lo siento, pero esa palabra no está en mi diccionario.
Hoy las mujeres rompemos con esta eterna cadena de miseria y tormento. Hoy salimos a trabajar y a ganar nuestro día a día, hoy somos nosotras quienes ponemos el techo sobre nuestras cabezas, el plato en nuestras mesas y ganamos más para nuestros gustos, como la ropa que queremos, los viajes que nos autoregalamos, y crecemos, por sobre todas las cosas, crecemos. Sin dar explicaciones, ni pedir permiso.
Una mujer reprimida queda inhibida de todo su poder. Poco brillo, limitada en fuerzas, bajo la sombra de un impostor. Por eso, hoy damos pelea, ganamos y reafirmamos nuestro lugar.
Tenemos la habilidad y capacidad de conseguir todo lo que nos proponemos. Podemos crecer, conquistar y expandir. Esta es la mentalidad que se debe enseñar, esto es lo que deben aprender las siguientes generaciones. No somos el sexo débil, solo fuimos subestimadas durante siglos.
En fin, tantos problemas, aparentemente, insolubles tienen una sola conclusión: AMOR PROPIO.
Una vez que aprendemos a amarnos a nosotras mismas, nada ni nadie tiene el poder de humillarnos y estancarnos en la miseria. Por estos derechos hay que alzar la voz, por estas injusticias hay que ser guerreras, y por nuestras hermanas hay que levantar bandera.
No somos débiles, no carecemos de voz. Basta con la opresión. Y por sobre todo, suficiente humillación.