Creo que nadie sabe la versión completa de mi. Nadie jamás hasta ahora alcanzó a conocer cada espacio de mi personalidad, de quien soy, de quien fui, de quien aspiro ser. Creo que nadie es consciente ni de la milésima parte de todas mis luchas diarias, de todas las voces con las que combato y trato de gritar más fuerte.
Nadie se da cuenta de que, aunque intento brillar con mis bastas fuerzas, hay una gran oscuridad en mi que aún no se ha ido. Es un gran precipicio, un gran fondo negro, sin suelo, sin final, sin nada que tocar, solo una caída eterna, donde los segundos se convierten en minutos, los minutos en horas, y las horas en años; sigo sin poder salir de allí.
A veces me siento incomprendida, nunca puedo hablar de mis problemas sin sentirme juzgada, rechazada, o etiquetada de enferma, de "es temporal", o " sólo un efecto colateral de lo vivido, esta buscando llamar la atención". No quiero llamar la atención, ni siquiera intentando hacerlo podré ser vista como quisiera que sea.
Ni la persona mas importante en mi vida me atribuye el valor o el afecto que quisiera, afecto del que carecí o se me fue dado con recelo desde que tengo memoria. Todas mis raíces afectivas me fueron arrebatadas, quitadas con toda la fuerza y rabia que un corazón humano pueda cargar, no tuve voz ni voto en las decisiones que marcaron el quién soy yo ahora, y a causa de todo esto, me siento frágil, susceptible a romperme ante cualquier brisa insignificante, pero nadie nota que estoy clamando por ayuda, tirada en el suelo de la desesperanza. Es como esas pesadillas, en las que gritas con todas tus fuerzas, e intentas que la gente te vea o te escuche, pero aparentemente sos invisible, y tu garganta no emite sonido alguno.. Esa clase de desesperación carga mi alma, y no hay hombro en el cual llorar tranquila, sabiendo que tengo el apoyo de alguien sincero, que no me pone etiquetas y esta dispuesto a cuidarme hasta sanar cada una de mis heridas.
Heridas, que por cierto, tengo varias. Pero las dejo siempre en ultimo plano, porque primero procuro curar las de todo el mundo, aunque todo el mundo, después, se levante en mi contra, o simplemente me ignore y me de la espalda.
Cuando uno desaparece, la gente se sorprende. "No lloren porque me fui hoy... Lloren porque me fui hace tiempo" y no encuentro nada más cierto que eso. Hay gritos silenciosos tan claros como el día, tan claros que se nos escapan de la vista, y esos son los detalles a los cuales prestar máxima atención. Luego, no hay marcha atrás. Cuando alguien se va, y se va para siempre, no hay lágrimas ni palabras que la traigan de vuelta, y menos cuando tuviste a tu alcance todas las oportunidades de mantenerla con los pies en la tierra.
Estamos colmados de gente en nuestra vida diaria, pero tan solos al mismo tiempo, que aterra.
Yo sigo en mi caída eterna, con la oscuridad que me devora por dentro aunque intento brillar con lo que me resta de fuerzas. Nadie nota mi lucha, o a nadie le interesa verdaderamente lo que digo. Cuando todo se destape algún día, van a entender, quizás demasiado tarde. Y espero que no sea de ese modo. La depresión no es un chiste, los traumas no son "cosas que se superan" de la noche a la mañana, los abusos, los abandonos. Hay cosas que suman, y pesan, como rocas. Grandes rocas pesadas que te sumergen en el fondo del abismo.
Llevo años pidiendo ayuda, llevo años tratando de salir.
Hay mucha historia detrás de una sonrisa quebrada.
miércoles, 8 de julio de 2020
domingo, 5 de julio de 2020
MIEDO.
Me asusto fácilmente.
Cuando me siento herida actúo por instinto.
Los mismos animales, cuando sienten miedo, tienden a herir (o al menos intentarlo) a quienes sólo buscan ayudarlo.
El miedo nubla la visión y el sentido común.
Le roba los controles al pensamiento consciente y sólo se remite al accionar primitivo,
al instinto salvaje que todos hemos logrado civilizar en nuestros años de vida.
Existe el miedo en una situación no peculiar de la vida, una situación desconocida, nunca experimentada por nuestros cuerpos.
Miedo a una emoción o sentimiento que atenta contra la salud de nuestro corazón (o físico en general) como también contra nuestra paz y salud mental y espiritual.
Miedo a los nuevos comienzos,
Miedo a los inesperados finales,
Miedo a, otra vez, terminar con el corazón en un millón de trozos por haberlo puesto en manos de la persona equivocada.
Miedo a seguir viviendo,
Miedo a dejar de hacerlo.
El miedo es uno de los peores enemigos de las personas.
Quita poder, control y razonamiento crítico.
Nubla la mente, la noción, activa nuestro lado "defensivo" y, muchas veces, no sabemos a quien herimos sólo buscando mantenernos a salvo, proteger lo que queda de nosotros, la última parcela sana de nuestro ser, o los segundos que se nos escapan.
Pero, aún sabiendo todo esto ¿cómo evitamos el miedo? ¿Cómo desactivamos la petrificación cuando todo nuestro cuerpo se paraliza ante una situación desconocida? Quién sabe controlar su miedo? ¿Es eso totalmente cierto?
Cuando uno está herido, tiende a activar su lado primitivo y, muchas veces, no sabe a quién hiere buscando proteger lo que queda de nuestro ser;
Hablando de vida,
Hablando de muerte,
Hablando de amor,
O de desilusión.
Pero,
aún sabiendo todo esto,
¿Cómo evitamos el miedo?
Suscribirse a:
Comentarios (Atom)