Cuando me siento herida actúo por instinto.
Los mismos animales, cuando sienten miedo, tienden a herir (o al menos intentarlo) a quienes sólo buscan ayudarlo.
El miedo nubla la visión y el sentido común.
Le roba los controles al pensamiento consciente y sólo se remite al accionar primitivo,
al instinto salvaje que todos hemos logrado civilizar en nuestros años de vida.
Existe el miedo en una situación no peculiar de la vida, una situación desconocida, nunca experimentada por nuestros cuerpos.
Miedo a una emoción o sentimiento que atenta contra la salud de nuestro corazón (o físico en general) como también contra nuestra paz y salud mental y espiritual.
Miedo a los nuevos comienzos,
Miedo a los inesperados finales,
Miedo a, otra vez, terminar con el corazón en un millón de trozos por haberlo puesto en manos de la persona equivocada.
Miedo a seguir viviendo,
Miedo a dejar de hacerlo.
El miedo es uno de los peores enemigos de las personas.
Quita poder, control y razonamiento crítico.
Nubla la mente, la noción, activa nuestro lado "defensivo" y, muchas veces, no sabemos a quien herimos sólo buscando mantenernos a salvo, proteger lo que queda de nosotros, la última parcela sana de nuestro ser, o los segundos que se nos escapan.
Pero, aún sabiendo todo esto ¿cómo evitamos el miedo? ¿Cómo desactivamos la petrificación cuando todo nuestro cuerpo se paraliza ante una situación desconocida? Quién sabe controlar su miedo? ¿Es eso totalmente cierto?
Cuando uno está herido, tiende a activar su lado primitivo y, muchas veces, no sabe a quién hiere buscando proteger lo que queda de nuestro ser;
Hablando de vida,
Hablando de muerte,
Hablando de amor,
O de desilusión.
Pero,
aún sabiendo todo esto,
¿Cómo evitamos el miedo?
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