jueves, 10 de septiembre de 2020

El Ojo de la Tormenta,

 ¿Cómo puede la misma persona hacerte sentir a salvo en tierra firme, y al mismo tiempo, al borde del precipicio a punto de caer? La brisa fría que sube desde el fondo del vacío me eriza la piel.

Me asusta pensar que pueda terminar de destrozar lo poco que de mi queda. Estoy entregando mi alma y mi persona completa, aún con los trozos de ella, ¿cuánto más daño puede llegar a causar? ¿Puede, en verdad, incrementarlo?

Rendir tu corazón es un acto de fe, de confianza ciega. Es cargar el arma, ponerla en la mano de la otra persona y apuntar directo a tu pecho. Es darle toda la oportunidad de gatillar fatalmente contra tu vida misma, pero también creer que no será de ese modo, y cruzar los dedos para esperar lo mejor.

Me intriga saber cómo voy a terminar. Dónde voy a estar en un par de meses.

Siempre que hubo un rayo de luz tenue abriéndose paso en la oscuridad de mi corazón, la vida misma y sus circunstancias se encargaban de acabarlo sin misericordia.

Bajo el ojo de la tormenta siempre, soy un imán de problemas.

Ya no tengo ánimos para sumar desgracias a mi agenda. Pero cruzo los dedos para esperar lo mejor.

No hay comentarios:

Publicar un comentario