Si, señor. Creo que sí hay algo distinto en mi.
Disculpe si no me pudo reconocer en un primer momento, pero sí, soy yo. La misma de siempre, la misma persona, quien viste y calza. Pero no quien piensa y siente.
Soy yo, la que usted conoció en las épocas de antaño.
Soy yo, la misma niña pero, con unos años más en la libreta y unos cuantos golpes y caídas.
Soy la misma del vestido rojo y su moño, pero con unas cuantas cicatrices a flor de piel.
Soy yo, sí, pero cambiada en gran manera.
Los mismos ojos, señor, pero distinta mirada.
El mismo corazón, pero diferentes sentimientos.
Misma mente, pero pensamientos moldeados a base de todo lo que transcurrió a lo largo de todos esos días que usted no me vio.
El día que avancé sola.
Los días que lloré por traiciones o por tantas risas.
Los que saqué materias.
Cuando las perdí.
Usted no sabe mi trabajo, mi estudio, mis lecciones y mis heridas de batalla. Y, créame cuando le digo que tuve muchas.
Tan corta edad pero tanta historia.
Le aseguro que si se sienta a hablar conmigo le puedo enseñar casi tanto como usted a mi,
aún con todas las canas que cuento de su cabello.
Créame cuando le digo que crecí más rápido de lo que alguna vez me esperé.
Créame que todo lo que tengo hoy, que no es mucho, me costó sangre, sudor y lágrimas.
Soy la misma, señor, mi nombre sigue siendo el que fue.
Pero yo, señor, ya no.
Me aferro muchísimo a quien solía ser.
A esa imaginación,
a esa niñez pero,
aún así, sigo poniendo pecho a la tormenta, todos los días.
No me tenga de menos, porque no conoce mi historia.
Tengo poca edad,
si,
pero más experiencia que si tuviera el doble.
Cada persona es un mundo y,
el mío, es caótico pero,
aun así aprendí a adornar mi mesa con una flor.
Aunque todo se ponga oscuro y frío, encontré el calor necesario en una chispa. Y,
cuando no había esperanzas, ni más soga de la cual tirar,
supe abandonar,
resistir,
reconstruirme
y retomar el ajetreo en un lugar diferente. Porque,
aunque no había mas camino que recorrer,
no me quede sentada esperando a que se abriera como por arte de magia ante mis ojos, sino que busqué otro para seguir.
No importa si más lejos, o más pedregoso, pero seguí adelante.
Tengo marcas en mis pies, manos y corazón.
Tengo también lecciones para dar a quienes me preceden, no piense que no. Y,
a veces,
quisiera haber podido evitar todo esto.
Agradezco conocer todo lo que a estas alturas doy por sentado pero, lo que me costó, fue doloroso. Hoy sé que no todos llevamos la misma vida,
que no todos tenemos exactamente los mismos caminos,
el de algunos es más ligero y,
el de otros (como lo fue y es para mi)
es con altos y bajos,
con llanos y con montañas,
así como pozos de los cuales a mi me tomó días y meses salir,
arenas movedizas y fangos interminables pero,
a pesar de todo,
lo importante es seguir.
Y hoy, le puedo decir, señor, que estoy sin fuerzas.
Que es una lucha constante pero no voy a bajar los brazos aún cuando esté en las últimas.
Y sí, me siento languidecer 8 días a la semana pero,
al final de la jornada,
en mi cama,
puedo cerrar los ojos en paz y descansar porque,
cuando creí que no llegaba más,
que no podría volver a casa,
o que no habría un mañana para mi,
efectivamente lo hubo,
sin dudas llegué,
costó pero, aun hay aire en mis pulmones maltratados, y hay proyectos para el mañana (inmediato o a largo plazo) pero,
sí, señor, acá sigo.
Soy la misma niña que supo conocer, y sí, hay algo distinto en mi aura.
Y es que soy una fortaleza, una gran carcasa de guerrera pero,
en el interior,
como la matrioshka (o muñeca rusa)
llevo a esa niña que usted supo conocer.
La protejo con uñas y dientes, porque es esa niña por la cual lucho,
porque cuando yo pueda traer una propia a mi mundo, la voy a defender tal y como hubiese deseado
que me protegieran a mi,
la voy a amar y cuidar como hubiese querido que me amaran y lucharan por mi en su momento.
Y no culpo a nadie,
todo es enseñanza en esta vida.
Pero sé qué es lo que hubiese querido mi Yo pequeño,
y se lo voy a dar a mi sucesor cuando tenga oportunidad.
Todo lo que lucho hoy, todo lo que batallo estos días, construyen ladrillo por ladrillo mi futuro, y el de los que vendrán después de mi. El futuro que le quiero regalar a mi propia persona como premio por todo su esfuerzo hasta el día de hoy.
Me quiero dar a mi misma lo que merezco.
Y se lo voy a heredar a quien venga después.
Soy la misma, señor. Pero marcada por lo que llamamos VIDA.
Vale aclarar,
no considero la vida como algo malo.
Tiene su golpe duro, tiene su realidad. Pero,
hay momentos de luz, que me dan alegría, que me regalan recuerdos.
Hay gente que conozco y conocí que supo curar mis heridas, o que suavizó los golpes que recibí.
Hay gente en la que confío, y las cuento con las manos porque,
es algo que la vida me enseñó,
no todos son amigos.
Y me supo arrebatar, en su momento, a personas que jamás planifiqué perder,
más adelante entendí el por qué y agradecí ese arrebato.
Como los golpes que recibí, me enseñaron a caminar por esa superficie con más cuidado que con el que pasé en la primer oportunidad,
que la pared hay que esquivar y no ir de frente,
la llama mas pequeña puede dar calor como también puede quemar[...]
La considero agitada,
de momentos que te hacen sentir que el corazón va a salir disparado violentamente de tu pecho pero,
al final,
valió la pena subirse al juego,
y más cuando tenes la gente indicada para compartirlo.
No importa los moretones que te dejó, siempre y cuando más adelante puedas reírte de él y aprender
(y ejecutar)
estrategias para evitarlos la próxima vez.
Todos tenemos heridas de guerra. Y para la próxima batalla sabremos como defendernos ante la misma situación.
Gracias, señor. Hasta luego.
No hay comentarios:
Publicar un comentario