martes, 16 de junio de 2020

Pesadilla.

¿Qué es esto?
¿Donde estoy?
Varios caminos se cruzan y se pierden en la distancia, pero no logro ver hacia donde van.
No reconozco las imponentes estructuras de esta ciudad, ni tampoco el paisaje.
Me invade la incertidumbre.
¿Me habré perdido?
Desafortunadamente, no soy el único parado en el medio de la nada. Hay mucha gente conmigo, me rodean y puedo llegar a la conclusión de que están tan desorientados como yo.
Las voces de alrededor suenan tan fuertes y tan lejanas a la vez, se mezclan y se pierden en mi mente, me abruma un pensamiento que no logro descifrar cuál es.
Demasiadas voces, demasiadas dudas.
Mi cuerpo se eriza ante la proximidad del peligro, algo anda mal. Pero yo aún no puedo definir qué es.


Veo venir una flota de policías, o al menos eso creo que son. Estos señores uniformados van a saber decirme dónde estoy y con qué motivo.
Quiero acercarme a ellos, la multitud no me deja.

-Señora, por favor, abra camino. ¡Déjeme pasar!.
Solo recibo miradas de rencor en respuesta.
¿Es así como se sentirán los animales al ser llevados al matadero?
¿Tanto miedo los vuelve agresivos?
Y la duda de cuál es su destino ¿los obliga a desconocer incluso a los de su propia especie?

Alcanzo a ver movimiento.
Los uniformados nos rodean de a poco y hacen más pequeño el grupo de personas, conteniendo la desesperación, evitando escapes abruptos.
No me parece una buena señal, en lo más mínimo.
Me digo a mi mismo que debo buscar una salida.

Están atentando contra nuestras vidas, el frío que recorre mi espina me lo advierte.

Miro alrededor, y hacia un costado del camino hay un gran galpón con sus imponentes puertas cerradas.
Logro salir del montón de gente y llego hasta el galpón que intento abrir con todas mis fuerzas. En eso, me descubren.

-NO PODES ABRIRLO- me dice una voz amenazante.

Aún no sé si fue el miedo quién habló y respondió o qué otro motivo pudo haberme llevado a responder con mayor potencia a esa limitación.

Yo, respondiendo a la autoridad, afirmándome en mi posición, inamovible, sin temor a lo que el hombre me pueda decir o hacer, respondí:
-¿Cómo voy a poder abrirlo? ¿Pensas que me voy a dejar matar fácilmente?

Recojo fuerzas de donde ya no habían y logré abrir el portón.

Llamé con desesperación a la gente, que podíamos resguardarnos en aquel lugar, que entren.
Sólo algunos pocos me escucharon y me siguieron.
No pude hacer más que cerrar las puertas.

Bajo el resguardo de ese lugar, pudimos observar un panorama aterrador a través de la ventana.

La gente rodeada por los uniformados, fue incinerada.

No entiendo. No sé qué clase de autoridad es esta, aún me desconcierta su motivo.

¿Por qué esta medida tan atroz?
No titubearon ni se conmovieron ante el grito de terror mezclado con dolor de la gente a la que le estaban arrebatando la vida sin ninguna explicación.

Sólo me queda pensar ¿Que harán con nosotros ahora? ¿Nos vendrán a buscar? ¿Qué es todo esto?.


Son las 11 am.
Me volví a dormir.

Día 10 de esta cuarentena que me abruma.
Sigo en la casa con mis compañeros de La Plata.

Vaya pesadilla.

2 comentarios: