miércoles, 13 de enero de 2021

De Feminismo y otros Estandartes del Poder.

 Una mujer reprimida queda inhibida de su poder, pero cuando esta lo recupera, hasta las paredes del inframundo temen a su porvenir.

Nos criaron sumiéndonos a los deseos de un sistema patriarcal que jura y perjura pero nunca nos ampara llegada la hora de la verdad. Si guardamos silencio y seguimos las reglas todo va a estar bien. Debemos agradecer e idolatrar a un misógino sólo por un techo y un plato de comida. Desear y rogar a los siete cielos por darle descendencia o nuestro lugar a la mesa es inestable como el clima. Una vez cumplidos los requisitos, queda aguantar y resistir hasta que nuestras luces se apaguen. Y fin. Pero eso no es vivir. Eso no es amor. ¿Dónde queda el progreso? ¿Estamos de acuerdo con la mera conformidad? Lo siento, pero esa palabra no está en mi diccionario.

Hoy las mujeres rompemos con esta eterna cadena de miseria y tormento. Hoy salimos a trabajar y a ganar nuestro día a día, hoy somos nosotras quienes ponemos el techo sobre nuestras cabezas, el plato en nuestras mesas y ganamos más para nuestros gustos, como la ropa que queremos, los viajes que nos autoregalamos, y crecemos, por sobre todas las cosas, crecemos. Sin dar explicaciones, ni pedir permiso.

Una mujer reprimida queda inhibida de todo su poder. Poco brillo, limitada en fuerzas, bajo la sombra de un impostor. Por eso, hoy damos pelea, ganamos y reafirmamos nuestro lugar.

Tenemos la habilidad y capacidad de conseguir todo lo que nos proponemos. Podemos crecer, conquistar y expandir. Esta es la mentalidad que se debe enseñar, esto es lo que deben aprender las siguientes generaciones. No somos el sexo débil, solo fuimos subestimadas durante siglos.

En fin, tantos problemas, aparentemente, insolubles tienen una sola conclusión: AMOR PROPIO.

Una vez que aprendemos a amarnos a nosotras mismas, nada ni nadie tiene el poder de humillarnos y estancarnos en la miseria. Por estos derechos hay que alzar la voz, por estas injusticias hay que ser guerreras, y por nuestras hermanas hay que levantar bandera.

No somos débiles, no carecemos de voz. Basta con la opresión. Y por sobre todo, suficiente humillación.

domingo, 20 de diciembre de 2020

El Deseo a mis Estrellas Fugaces.

 Me voy a buscar todas las excusas del mundo para amarte como a nadie. Y de cualquier negatividad voy a hacer nacer un millón de positividades.

Puedo mirarte el día entero, si tan solo no me diese pudor encontrarme al descubierto cuando alzas la mirada y estoy analizando cada facción de tu rostro, como si fuese la primera vez que te veo, como si fuese algo desconocido, con asombro, con admiración.

 No puedo, no hay y no encuentro imperfección, o alguna idea para cambiar cualquier milímetro de tu ser.

Todos los días me topo con un motivo nuevo para admirarte y sentirme orgullosa. Las ganas de fundirme en un abrazo, o de colmarte de besos se apoderan de mi, aunque se que debo moderarme. Desequilibras todo mi mundo.

Con vos, me siento fuera de órbita, incluso suelo desconocerme. Tanto amor, tanta dulzura no es compatible con mi persona, en cambio ahora, suelo empalagarme a mi misma, con cosas como estas, las que estoy volcando en una página de algún rincón lejano y perdido de Internet.

Mi más profundo deseo es que te quedes, ahora y para siempre. Ojala. Y voy a ocupar todas las estrellas fugaces de acá en adelante con esta única petición. Hasta el fin de los tiempos.

domingo, 13 de diciembre de 2020

Carrucel.

 No es el fin del mundo, ni tampoco el final de mis días, pero duele como si lo fuera.

Estamos jugando un juego tan humillante y doloroso. A ver quién se doblega primero, quien cae primero, y yo estoy a sus pies desde el día 1.

Que me roba el aliento, y me lo da también, que me da motivo para salir de la cama y, a su vez, es el culpable de internarme en ella.

Es tan responsable de elevarme a las nubes, como de hundirme en el pozo de las peores miserias.

Ni siquiera sé dónde estoy parada, o que papel juego yo en su vida.

Y aún a pesar de todo, mi corazón sigue terco y con el amor como estandarte. No quiere dejarlo ir. Sino que, por el contrario, se aferra con todas sus fuerzas.

No parece importarle las heridas, no parece marearse en las idas y vueltas, no se asusta fácil sino que se levanta y da pelea. A veces no sé si esta es una batalla con algún fin, si vale la pena pelearla. Pero voy a vista ciega, sin vacilar.

Mi razón me dejó hace rato, armó sus bolsos y se marchó. Y aunque su eco entre mis paredes me aconseje darme por vencida y alejarme, no tiene el suficiente peso para llevarme a tomar esa decisión.

De tanto veneno, me terminó gustando su sabor.
Cada quien toma el vicio que más le parece, y elige su propia muerte. Tal parece que, yo ya escogí la mía.

lunes, 23 de noviembre de 2020

Del amor y las Apuestas.

 Por qué siempre la opción fácil es irse y alejarse de mi?

Por qué siempre la opción preferible es dejarme a un costado y arreglarme sola con mi montaña de sentimientos?

Por qué siempre deposito toda mi fe en la persona menos indicada?. En la que menos fuerza tiene para sostenerme, especialmente en los momentos en los que ni siquiera puedo mantenerme en pie a mi misma.

Sólo Dios sabe cuanto me está doliendo este proceso. Mi corazón está esparcido en miles de trozos y sufro cada uno de ellos. Esto me come desde adentro y puedo sentir como quita todas mis fuerzas. Como si fuera una masa de gravedad que absorbe y atrae sin compasión toda mi esencia, mi vitalidad,

Me siento cansada, todo el tiempo, y no es por la falta de sueño. O tal vez si, porque debo reconocer que no duermo más de un par de horas por día.

Esta oscuridad me apaga a cada segundo, y siento que ya no puedo continuar, con nada. Y para completar mis miserias, todo el universo se pone de acuerdo para aplastarme en responsabilidades y exigencias para regularizar una carrera que ni siquiera sé si me dará de comer el día de mañana. Y lo dudo mucho si no llego en una pieza hasta el final.

Llego alto, y siento el aire fresco en mis pulmones, para al final del  día desplomarme en el suelo y sólo respirar polvo y tierra que obstruye mi aire. Siento que me ahogo todo el tiempo, pero no hay señales de agua alrededor de mi.

Me duele tanto el corazón que una bala en el pecho dolería menos. Prefiero que termine este proceso, de una vez y por todas. Quiero verme en un par de meses, superada, sin secuelas y con todas mis cicatrices ya curadas.

Sólo Dios sabe cuanto me duele, y cuanto deseo que esto acabe.

Entregar el 100% a alguien termina otra vez destruyendome por completo a mi, siempre poniendome frente a los demás para recibir todos los impactos pero, quién recibe los impactos que me tocan a mi?

Por qué es tan dificil amarme y quedarse a mi lado en las buenas y en las malas? Por qué es tan dificil luchar por mi? Me siento descartable."Use una vez y deseche". 

Me siento todo un caos.Un huracán arrasador el cual es mejor admirar a una distancia segura.

Quiero apostar al amor, pero el amor nunca apuesta por mi. Y ese es mi destino.

viernes, 30 de octubre de 2020

De un día indeterminado, sobre una persona determinada.

 Soy una montaña rusa de sentimientos y eso es lo peor y mejor de mi.

No sé qué pasa conmigo, estoy en mis días bajos y nadie en el planeta es suficientemente capaz de entenderme sin juzgarme.

No me siento en mi lugar, estoy descolocada y resulta que sigo terriblemente herida y quizás también sea porque volé muy alto con mis expectativas pero, aún así, me rehúso a aceptar que la vida es insípida e incolora.

Creo que los fantasmas del pasado nunca nos dejan ir por completo, a veces conseguimos bajar el volumen de sus voces pero ahí siguen,

aferrados, extrayendo/consumiendo toda nuestra vitalidad y no nos damos cuenta hasta que nos encontramos a nosotros mismos famélicos (como yo ahora),

por mucho que trate de esconderlo o ignorarlo.

Mis emociones no sólo son desbordantes, sino también confusas;

como la niebla, en gran espesor, no permite ver con claridad y, con niebla, no se debe manejar.

Por lo tanto, frené.

Modo avión activado.

Nadie puede hacerme bien, y todos me ponen un poco peor cada vez; quiero escapar, estar sola y esto es lo máximo que puedo hacer.

Creo que todos vemos a las personas, pero la verdadera realidad se esconde bajo nuestras mismísimas narices.

Siento no encajar en ningún lugar, no sé a donde pertenezco, ni mucho menos encuentro lugar para mi corazón, ni existe nadie a quien pueda confiarle su cuidado.

¿Estoy loca?

Tanto luché por una persona, para recuperarla, y de todos modos, no la pude sentir mía. 

Ya no era el mismo, y no sé si culparle al tiempo o a mis errores,

o a los de él,

o al daño que me hizo,

o al daño que le hice a él.

Me sentí sin valor, aún lo sigo haciendo. 

Eventualmente, asumí que venía a verme sólo por el hecho de ser conocidos, porque nos llevamos bien, pero su corazón ya estaba en otro lugar.

Me molesta ser tan sentimental.

Amo a flor de piel y sufro en carne vida.

Es la peor sensación del mundo.

Antes estaba bien, sin sentir, apegada a nada, ilusionada con nada y otra vez aposté todo a (evidentemente) la casilla errónea.

Nada está bien.

Tengo días tan grises.

Quiero desaparecer y ésta es la única manera de la que sé hacerlo, entre tinta y papel.

jueves, 10 de septiembre de 2020

El Ojo de la Tormenta,

 ¿Cómo puede la misma persona hacerte sentir a salvo en tierra firme, y al mismo tiempo, al borde del precipicio a punto de caer? La brisa fría que sube desde el fondo del vacío me eriza la piel.

Me asusta pensar que pueda terminar de destrozar lo poco que de mi queda. Estoy entregando mi alma y mi persona completa, aún con los trozos de ella, ¿cuánto más daño puede llegar a causar? ¿Puede, en verdad, incrementarlo?

Rendir tu corazón es un acto de fe, de confianza ciega. Es cargar el arma, ponerla en la mano de la otra persona y apuntar directo a tu pecho. Es darle toda la oportunidad de gatillar fatalmente contra tu vida misma, pero también creer que no será de ese modo, y cruzar los dedos para esperar lo mejor.

Me intriga saber cómo voy a terminar. Dónde voy a estar en un par de meses.

Siempre que hubo un rayo de luz tenue abriéndose paso en la oscuridad de mi corazón, la vida misma y sus circunstancias se encargaban de acabarlo sin misericordia.

Bajo el ojo de la tormenta siempre, soy un imán de problemas.

Ya no tengo ánimos para sumar desgracias a mi agenda. Pero cruzo los dedos para esperar lo mejor.

miércoles, 8 de julio de 2020

Oscuridad.

Creo que nadie sabe la versión completa de mi. Nadie jamás hasta ahora alcanzó a conocer cada espacio de mi personalidad, de quien soy, de quien fui, de quien aspiro ser. Creo que nadie es consciente ni de la milésima parte de todas mis luchas diarias, de todas las voces con las que combato y trato de gritar más fuerte.
Nadie se da cuenta de que, aunque intento brillar con mis bastas fuerzas, hay una gran oscuridad en mi que aún no se ha ido. Es un gran precipicio, un gran fondo negro, sin suelo, sin final, sin nada que tocar, solo una caída eterna, donde los segundos se convierten en minutos, los minutos en horas, y las horas en años; sigo sin poder salir de allí.
A veces me siento incomprendida, nunca puedo hablar de mis problemas sin sentirme juzgada, rechazada, o etiquetada de enferma, de "es temporal", o " sólo un efecto colateral de lo vivido, esta buscando llamar la atención". No quiero llamar la atención, ni siquiera intentando hacerlo podré ser vista como quisiera que sea.
Ni la persona mas importante en mi vida me atribuye el valor o el afecto que quisiera, afecto del que carecí o se me fue dado con recelo desde que tengo memoria. Todas mis raíces afectivas me fueron arrebatadas, quitadas con toda la fuerza y rabia que un corazón humano pueda cargar, no tuve voz ni voto en las decisiones que marcaron el quién soy yo ahora, y a causa de todo esto, me siento frágil, susceptible a romperme ante cualquier brisa insignificante, pero nadie nota que estoy clamando por ayuda, tirada en el suelo de la desesperanza. Es como esas pesadillas, en las que gritas con todas tus fuerzas, e intentas que la gente te vea o te escuche, pero aparentemente sos invisible, y tu garganta no emite sonido alguno.. Esa clase de desesperación carga mi alma, y no hay hombro en el cual llorar tranquila, sabiendo que tengo el apoyo de alguien sincero, que no me pone etiquetas y esta dispuesto a cuidarme hasta sanar cada una de mis heridas.
Heridas, que por cierto, tengo varias. Pero las dejo siempre en ultimo plano, porque primero procuro curar las de todo el mundo, aunque todo el mundo, después, se levante en mi contra, o simplemente me ignore y me de la espalda.
Cuando uno desaparece, la gente se sorprende. "No lloren porque me fui hoy... Lloren porque me fui hace tiempo" y no encuentro nada más cierto que eso. Hay gritos silenciosos tan claros como el día, tan claros que se nos escapan de la vista, y esos son los detalles a los cuales prestar máxima atención. Luego, no hay marcha atrás. Cuando alguien se va, y se va para siempre, no hay lágrimas ni palabras que la traigan de vuelta, y menos cuando tuviste a tu alcance todas las oportunidades de mantenerla con los pies en la tierra.
Estamos colmados de gente en nuestra vida diaria, pero tan solos al mismo tiempo, que aterra.
Yo sigo en mi caída eterna, con la oscuridad que me devora por dentro aunque intento brillar con lo que me resta de fuerzas. Nadie nota mi lucha, o a nadie le interesa verdaderamente lo que digo. Cuando todo se destape algún día, van a entender, quizás demasiado tarde. Y espero que no sea de ese modo. La depresión no es un chiste, los traumas no son "cosas que se superan" de la noche a la mañana, los abusos, los abandonos. Hay cosas que suman, y pesan, como rocas. Grandes rocas pesadas que te sumergen en el fondo del abismo.
Llevo años pidiendo ayuda, llevo años tratando de salir.
Hay mucha historia detrás de una sonrisa quebrada.