domingo, 20 de diciembre de 2020

El Deseo a mis Estrellas Fugaces.

 Me voy a buscar todas las excusas del mundo para amarte como a nadie. Y de cualquier negatividad voy a hacer nacer un millón de positividades.

Puedo mirarte el día entero, si tan solo no me diese pudor encontrarme al descubierto cuando alzas la mirada y estoy analizando cada facción de tu rostro, como si fuese la primera vez que te veo, como si fuese algo desconocido, con asombro, con admiración.

 No puedo, no hay y no encuentro imperfección, o alguna idea para cambiar cualquier milímetro de tu ser.

Todos los días me topo con un motivo nuevo para admirarte y sentirme orgullosa. Las ganas de fundirme en un abrazo, o de colmarte de besos se apoderan de mi, aunque se que debo moderarme. Desequilibras todo mi mundo.

Con vos, me siento fuera de órbita, incluso suelo desconocerme. Tanto amor, tanta dulzura no es compatible con mi persona, en cambio ahora, suelo empalagarme a mi misma, con cosas como estas, las que estoy volcando en una página de algún rincón lejano y perdido de Internet.

Mi más profundo deseo es que te quedes, ahora y para siempre. Ojala. Y voy a ocupar todas las estrellas fugaces de acá en adelante con esta única petición. Hasta el fin de los tiempos.

domingo, 13 de diciembre de 2020

Carrucel.

 No es el fin del mundo, ni tampoco el final de mis días, pero duele como si lo fuera.

Estamos jugando un juego tan humillante y doloroso. A ver quién se doblega primero, quien cae primero, y yo estoy a sus pies desde el día 1.

Que me roba el aliento, y me lo da también, que me da motivo para salir de la cama y, a su vez, es el culpable de internarme en ella.

Es tan responsable de elevarme a las nubes, como de hundirme en el pozo de las peores miserias.

Ni siquiera sé dónde estoy parada, o que papel juego yo en su vida.

Y aún a pesar de todo, mi corazón sigue terco y con el amor como estandarte. No quiere dejarlo ir. Sino que, por el contrario, se aferra con todas sus fuerzas.

No parece importarle las heridas, no parece marearse en las idas y vueltas, no se asusta fácil sino que se levanta y da pelea. A veces no sé si esta es una batalla con algún fin, si vale la pena pelearla. Pero voy a vista ciega, sin vacilar.

Mi razón me dejó hace rato, armó sus bolsos y se marchó. Y aunque su eco entre mis paredes me aconseje darme por vencida y alejarme, no tiene el suficiente peso para llevarme a tomar esa decisión.

De tanto veneno, me terminó gustando su sabor.
Cada quien toma el vicio que más le parece, y elige su propia muerte. Tal parece que, yo ya escogí la mía.

lunes, 23 de noviembre de 2020

Del amor y las Apuestas.

 Por qué siempre la opción fácil es irse y alejarse de mi?

Por qué siempre la opción preferible es dejarme a un costado y arreglarme sola con mi montaña de sentimientos?

Por qué siempre deposito toda mi fe en la persona menos indicada?. En la que menos fuerza tiene para sostenerme, especialmente en los momentos en los que ni siquiera puedo mantenerme en pie a mi misma.

Sólo Dios sabe cuanto me está doliendo este proceso. Mi corazón está esparcido en miles de trozos y sufro cada uno de ellos. Esto me come desde adentro y puedo sentir como quita todas mis fuerzas. Como si fuera una masa de gravedad que absorbe y atrae sin compasión toda mi esencia, mi vitalidad,

Me siento cansada, todo el tiempo, y no es por la falta de sueño. O tal vez si, porque debo reconocer que no duermo más de un par de horas por día.

Esta oscuridad me apaga a cada segundo, y siento que ya no puedo continuar, con nada. Y para completar mis miserias, todo el universo se pone de acuerdo para aplastarme en responsabilidades y exigencias para regularizar una carrera que ni siquiera sé si me dará de comer el día de mañana. Y lo dudo mucho si no llego en una pieza hasta el final.

Llego alto, y siento el aire fresco en mis pulmones, para al final del  día desplomarme en el suelo y sólo respirar polvo y tierra que obstruye mi aire. Siento que me ahogo todo el tiempo, pero no hay señales de agua alrededor de mi.

Me duele tanto el corazón que una bala en el pecho dolería menos. Prefiero que termine este proceso, de una vez y por todas. Quiero verme en un par de meses, superada, sin secuelas y con todas mis cicatrices ya curadas.

Sólo Dios sabe cuanto me duele, y cuanto deseo que esto acabe.

Entregar el 100% a alguien termina otra vez destruyendome por completo a mi, siempre poniendome frente a los demás para recibir todos los impactos pero, quién recibe los impactos que me tocan a mi?

Por qué es tan dificil amarme y quedarse a mi lado en las buenas y en las malas? Por qué es tan dificil luchar por mi? Me siento descartable."Use una vez y deseche". 

Me siento todo un caos.Un huracán arrasador el cual es mejor admirar a una distancia segura.

Quiero apostar al amor, pero el amor nunca apuesta por mi. Y ese es mi destino.

viernes, 30 de octubre de 2020

De un día indeterminado, sobre una persona determinada.

 Soy una montaña rusa de sentimientos y eso es lo peor y mejor de mi.

No sé qué pasa conmigo, estoy en mis días bajos y nadie en el planeta es suficientemente capaz de entenderme sin juzgarme.

No me siento en mi lugar, estoy descolocada y resulta que sigo terriblemente herida y quizás también sea porque volé muy alto con mis expectativas pero, aún así, me rehúso a aceptar que la vida es insípida e incolora.

Creo que los fantasmas del pasado nunca nos dejan ir por completo, a veces conseguimos bajar el volumen de sus voces pero ahí siguen,

aferrados, extrayendo/consumiendo toda nuestra vitalidad y no nos damos cuenta hasta que nos encontramos a nosotros mismos famélicos (como yo ahora),

por mucho que trate de esconderlo o ignorarlo.

Mis emociones no sólo son desbordantes, sino también confusas;

como la niebla, en gran espesor, no permite ver con claridad y, con niebla, no se debe manejar.

Por lo tanto, frené.

Modo avión activado.

Nadie puede hacerme bien, y todos me ponen un poco peor cada vez; quiero escapar, estar sola y esto es lo máximo que puedo hacer.

Creo que todos vemos a las personas, pero la verdadera realidad se esconde bajo nuestras mismísimas narices.

Siento no encajar en ningún lugar, no sé a donde pertenezco, ni mucho menos encuentro lugar para mi corazón, ni existe nadie a quien pueda confiarle su cuidado.

¿Estoy loca?

Tanto luché por una persona, para recuperarla, y de todos modos, no la pude sentir mía. 

Ya no era el mismo, y no sé si culparle al tiempo o a mis errores,

o a los de él,

o al daño que me hizo,

o al daño que le hice a él.

Me sentí sin valor, aún lo sigo haciendo. 

Eventualmente, asumí que venía a verme sólo por el hecho de ser conocidos, porque nos llevamos bien, pero su corazón ya estaba en otro lugar.

Me molesta ser tan sentimental.

Amo a flor de piel y sufro en carne vida.

Es la peor sensación del mundo.

Antes estaba bien, sin sentir, apegada a nada, ilusionada con nada y otra vez aposté todo a (evidentemente) la casilla errónea.

Nada está bien.

Tengo días tan grises.

Quiero desaparecer y ésta es la única manera de la que sé hacerlo, entre tinta y papel.

jueves, 10 de septiembre de 2020

El Ojo de la Tormenta,

 ¿Cómo puede la misma persona hacerte sentir a salvo en tierra firme, y al mismo tiempo, al borde del precipicio a punto de caer? La brisa fría que sube desde el fondo del vacío me eriza la piel.

Me asusta pensar que pueda terminar de destrozar lo poco que de mi queda. Estoy entregando mi alma y mi persona completa, aún con los trozos de ella, ¿cuánto más daño puede llegar a causar? ¿Puede, en verdad, incrementarlo?

Rendir tu corazón es un acto de fe, de confianza ciega. Es cargar el arma, ponerla en la mano de la otra persona y apuntar directo a tu pecho. Es darle toda la oportunidad de gatillar fatalmente contra tu vida misma, pero también creer que no será de ese modo, y cruzar los dedos para esperar lo mejor.

Me intriga saber cómo voy a terminar. Dónde voy a estar en un par de meses.

Siempre que hubo un rayo de luz tenue abriéndose paso en la oscuridad de mi corazón, la vida misma y sus circunstancias se encargaban de acabarlo sin misericordia.

Bajo el ojo de la tormenta siempre, soy un imán de problemas.

Ya no tengo ánimos para sumar desgracias a mi agenda. Pero cruzo los dedos para esperar lo mejor.

miércoles, 8 de julio de 2020

Oscuridad.

Creo que nadie sabe la versión completa de mi. Nadie jamás hasta ahora alcanzó a conocer cada espacio de mi personalidad, de quien soy, de quien fui, de quien aspiro ser. Creo que nadie es consciente ni de la milésima parte de todas mis luchas diarias, de todas las voces con las que combato y trato de gritar más fuerte.
Nadie se da cuenta de que, aunque intento brillar con mis bastas fuerzas, hay una gran oscuridad en mi que aún no se ha ido. Es un gran precipicio, un gran fondo negro, sin suelo, sin final, sin nada que tocar, solo una caída eterna, donde los segundos se convierten en minutos, los minutos en horas, y las horas en años; sigo sin poder salir de allí.
A veces me siento incomprendida, nunca puedo hablar de mis problemas sin sentirme juzgada, rechazada, o etiquetada de enferma, de "es temporal", o " sólo un efecto colateral de lo vivido, esta buscando llamar la atención". No quiero llamar la atención, ni siquiera intentando hacerlo podré ser vista como quisiera que sea.
Ni la persona mas importante en mi vida me atribuye el valor o el afecto que quisiera, afecto del que carecí o se me fue dado con recelo desde que tengo memoria. Todas mis raíces afectivas me fueron arrebatadas, quitadas con toda la fuerza y rabia que un corazón humano pueda cargar, no tuve voz ni voto en las decisiones que marcaron el quién soy yo ahora, y a causa de todo esto, me siento frágil, susceptible a romperme ante cualquier brisa insignificante, pero nadie nota que estoy clamando por ayuda, tirada en el suelo de la desesperanza. Es como esas pesadillas, en las que gritas con todas tus fuerzas, e intentas que la gente te vea o te escuche, pero aparentemente sos invisible, y tu garganta no emite sonido alguno.. Esa clase de desesperación carga mi alma, y no hay hombro en el cual llorar tranquila, sabiendo que tengo el apoyo de alguien sincero, que no me pone etiquetas y esta dispuesto a cuidarme hasta sanar cada una de mis heridas.
Heridas, que por cierto, tengo varias. Pero las dejo siempre en ultimo plano, porque primero procuro curar las de todo el mundo, aunque todo el mundo, después, se levante en mi contra, o simplemente me ignore y me de la espalda.
Cuando uno desaparece, la gente se sorprende. "No lloren porque me fui hoy... Lloren porque me fui hace tiempo" y no encuentro nada más cierto que eso. Hay gritos silenciosos tan claros como el día, tan claros que se nos escapan de la vista, y esos son los detalles a los cuales prestar máxima atención. Luego, no hay marcha atrás. Cuando alguien se va, y se va para siempre, no hay lágrimas ni palabras que la traigan de vuelta, y menos cuando tuviste a tu alcance todas las oportunidades de mantenerla con los pies en la tierra.
Estamos colmados de gente en nuestra vida diaria, pero tan solos al mismo tiempo, que aterra.
Yo sigo en mi caída eterna, con la oscuridad que me devora por dentro aunque intento brillar con lo que me resta de fuerzas. Nadie nota mi lucha, o a nadie le interesa verdaderamente lo que digo. Cuando todo se destape algún día, van a entender, quizás demasiado tarde. Y espero que no sea de ese modo. La depresión no es un chiste, los traumas no son "cosas que se superan" de la noche a la mañana, los abusos, los abandonos. Hay cosas que suman, y pesan, como rocas. Grandes rocas pesadas que te sumergen en el fondo del abismo.
Llevo años pidiendo ayuda, llevo años tratando de salir.
Hay mucha historia detrás de una sonrisa quebrada.

domingo, 5 de julio de 2020

MIEDO.

Me asusto fácilmente.
Cuando me siento herida actúo por instinto.
Los mismos animales, cuando sienten miedo, tienden a herir (o al menos intentarlo) a quienes sólo buscan ayudarlo.

El miedo nubla la visión y el sentido común.
Le roba los controles al pensamiento consciente y sólo se remite al accionar primitivo,
al instinto salvaje que todos hemos logrado civilizar en nuestros años de vida.

Existe el miedo en una situación no peculiar de la vida, una situación desconocida, nunca experimentada por nuestros cuerpos.
Miedo a una emoción o sentimiento que atenta contra la salud de nuestro corazón (o físico en general) como también contra nuestra paz y salud mental y espiritual.
Miedo a los nuevos comienzos,
Miedo a los inesperados finales,
Miedo a, otra vez, terminar con el corazón en un millón de trozos por haberlo puesto en manos de la persona equivocada.
Miedo a seguir viviendo,
Miedo a dejar de hacerlo.

El miedo es uno de los peores enemigos de las personas.
Quita poder, control y razonamiento crítico.
Nubla la mente, la noción, activa nuestro lado "defensivo" y, muchas veces, no sabemos a quien herimos sólo buscando mantenernos a salvo, proteger lo que queda de nosotros, la última parcela sana de nuestro ser, o los segundos que se nos escapan.
Pero, aún sabiendo todo esto ¿cómo evitamos el miedo? ¿Cómo desactivamos la petrificación cuando todo nuestro cuerpo se paraliza ante una situación desconocida? Quién sabe controlar su miedo? ¿Es eso totalmente cierto?


Cuando uno está herido, tiende a activar su lado primitivo y, muchas veces, no sabe a quién hiere buscando proteger lo que queda de nuestro ser;
Hablando de vida,
Hablando de muerte,
Hablando de amor,
O de desilusión.

Pero,
aún sabiendo todo esto,
¿Cómo evitamos el miedo?

martes, 16 de junio de 2020

Pesadilla.

¿Qué es esto?
¿Donde estoy?
Varios caminos se cruzan y se pierden en la distancia, pero no logro ver hacia donde van.
No reconozco las imponentes estructuras de esta ciudad, ni tampoco el paisaje.
Me invade la incertidumbre.
¿Me habré perdido?
Desafortunadamente, no soy el único parado en el medio de la nada. Hay mucha gente conmigo, me rodean y puedo llegar a la conclusión de que están tan desorientados como yo.
Las voces de alrededor suenan tan fuertes y tan lejanas a la vez, se mezclan y se pierden en mi mente, me abruma un pensamiento que no logro descifrar cuál es.
Demasiadas voces, demasiadas dudas.
Mi cuerpo se eriza ante la proximidad del peligro, algo anda mal. Pero yo aún no puedo definir qué es.


Veo venir una flota de policías, o al menos eso creo que son. Estos señores uniformados van a saber decirme dónde estoy y con qué motivo.
Quiero acercarme a ellos, la multitud no me deja.

-Señora, por favor, abra camino. ¡Déjeme pasar!.
Solo recibo miradas de rencor en respuesta.
¿Es así como se sentirán los animales al ser llevados al matadero?
¿Tanto miedo los vuelve agresivos?
Y la duda de cuál es su destino ¿los obliga a desconocer incluso a los de su propia especie?

Alcanzo a ver movimiento.
Los uniformados nos rodean de a poco y hacen más pequeño el grupo de personas, conteniendo la desesperación, evitando escapes abruptos.
No me parece una buena señal, en lo más mínimo.
Me digo a mi mismo que debo buscar una salida.

Están atentando contra nuestras vidas, el frío que recorre mi espina me lo advierte.

Miro alrededor, y hacia un costado del camino hay un gran galpón con sus imponentes puertas cerradas.
Logro salir del montón de gente y llego hasta el galpón que intento abrir con todas mis fuerzas. En eso, me descubren.

-NO PODES ABRIRLO- me dice una voz amenazante.

Aún no sé si fue el miedo quién habló y respondió o qué otro motivo pudo haberme llevado a responder con mayor potencia a esa limitación.

Yo, respondiendo a la autoridad, afirmándome en mi posición, inamovible, sin temor a lo que el hombre me pueda decir o hacer, respondí:
-¿Cómo voy a poder abrirlo? ¿Pensas que me voy a dejar matar fácilmente?

Recojo fuerzas de donde ya no habían y logré abrir el portón.

Llamé con desesperación a la gente, que podíamos resguardarnos en aquel lugar, que entren.
Sólo algunos pocos me escucharon y me siguieron.
No pude hacer más que cerrar las puertas.

Bajo el resguardo de ese lugar, pudimos observar un panorama aterrador a través de la ventana.

La gente rodeada por los uniformados, fue incinerada.

No entiendo. No sé qué clase de autoridad es esta, aún me desconcierta su motivo.

¿Por qué esta medida tan atroz?
No titubearon ni se conmovieron ante el grito de terror mezclado con dolor de la gente a la que le estaban arrebatando la vida sin ninguna explicación.

Sólo me queda pensar ¿Que harán con nosotros ahora? ¿Nos vendrán a buscar? ¿Qué es todo esto?.


Son las 11 am.
Me volví a dormir.

Día 10 de esta cuarentena que me abruma.
Sigo en la casa con mis compañeros de La Plata.

Vaya pesadilla.

jueves, 28 de mayo de 2020

Especial.


No creo que sea una persona fácil de descifrar, ni mucho menos es posible compactarla y guardarla en una simple palabra.
Ella va mas allá de los estereotipos y de los adjetivos aprobados por el léxico humano.
Ella es tanta luz que puede, incluso, dejarte ciego.
Ella es tantos colores que toda gama de ellos se reduce a una burla.
Ella es tanta risa que no alcanzan pulmones ni oxígeno.
Ella es tanto TODO que TODO se queda muy poco.
Pero, a su vez...
Ella es tantas penas que no hay pozos que puedan contener sus lágrimas.
Ella es tantos nudos y problemas que no hay libros suficientes para apuntar sus historias.
Ella es tanta oscuridad que se puede ver el firmamento entero consumirse en ese infinito agujero negro.
Ella es tanto dolor que aprendió a amar con todo su ser aunque los músculos se desgarren entre tanta fuerza, pero aún así, sigue inmutable, firme y dispuesta a seguir peleando cada guerra.
Ella es tanto tantas cosas, que jamas vas a terminar de conocerla, ni yo de relatarla.
Y eso, es lo que la hace tan especial.

Una Nueva Perspectiva.

Siempre me supieron decir "Dios lo ve todo" y, como es algo que escucho desde pequeña, solía imaginarme a Dios observando al mundo como si fuera una maqueta, desde arriba y distante.
Hoy pude darme idea de algo que abrió mi mente... Dios creó todos los animales, todas las plantas, todas las personas, todo lo ya descubierto y todo lo aún por descubrir, todo lo más grande y todo lo microscópico (y aun lo que el lente no puede ver) entonces, Dios ve desde todos estos puntos de vista. Desde los ojos del halcón en lo alto del cielo, desde los ojos de las hormigas debajo de la tierra.
Desde los ojos de quienes se pararon sobre los rascacielos, allí rozando las nubes, desde los ojos de los obreros sobre los andamios de sus construcciones.
Desde los ojos que ven, a través de las pantallas, las imágenes de sus cámaras submarinas, desde los ojos científicos de aquellos que observan el cuerpo humano desde sus componentes moleculares.
Desde los ojos de los románticos pedidos en algún poema, desde la mirada ahogada en lágrimas de aquellos con sus corazones rotos. Como así también, Dios ve desde los ojos del suicida, parado al borde de la cornisa, desde los ojos de aquel que hace las cosas en secreto para causar daño como, a su vez, de aquel que hace el bien de manera anónima y cree que no habrá recompensa en público.
Entendí que Dios no nos observa por encima como el simple dueño de ésta maqueta montada por sus propias manos; a Dios no se le escapan ángulos, ni perspectivas, no se le escapa ni bien, ni mal. Dios nos ve, nos acompaña y nos guía desde mas puntos de los que somos capaces de imaginar.
Dios no deja de ver los ojos felices, ni aquellos inundados en desgracia. Dios no ignora tu tristeza tapada en polvo de maquillaje, ni ahogada en tu rotundo "Estoy bien".
Dios no es ingenuo, Dios no es ignorante, Dios no nos ve desde un ángulo de superioridad, sino que sale al campo junto con nosotros.
Sólo es cuestión de saberlo notar y de creer que nada se escapa de su visión.

miércoles, 20 de mayo de 2020

Cuando se cruzan las Sendas.

¿Que hacemos con los sentimientos cuando a la otra persona no parecen serle suficiente?
¿Cuándo es el momento oportuno para retirarse?
¿Cuál es el límite para esperar?
¿Por qué cuesta tanto amar con entrega? ¿Tan lejos quedó esa clase de amor a nuestra realidad actual?
Quisiera amar a una persona con todo mi ser, demostrarle a cada segundo lo valiosa que es para mi, pero ¿qué puedo hacer si veo que no hay reciprocidad? ¿Seguir regalando mi alma y espíritu a alguien que sólo me da sus horas contadas? ¿Ceder todo aún cuando esa persona no de el brazo a torcer a nada?
¿Hasta qué punto está permitido rendirse uno mismo a otra persona cuando la otra persona no se rinde a uno también?
¿Es un pecado velar por mi valor? ¿Cuidar mi corazón? ¿Buscar a otra persona en el planeta que me ame con la misma devoción y entrega?
¿Qué tengo que hacer?
¿Qué camino se debe tomar cuando se cruzan las sendas?
¿Por qué duele tanto el sentir?
¿Es así la vida ahora? Contar los sentimientos con calculadora, y sólo lo medido y nada más ni nada menos. No me animo a sentir mucho por miedo a errar. No quiero sentir menos por miedo a que ésta emoción se vaya para siempre. ¿Qué estamos haciendo?
Siempre le escribí al amor, infinitas cartas, tanto de quejas como de agradecimiento, de rencor, como también de halagos. Aunque suelo hacerme la indiferente respecto al tema, me gusta sentir, amar  a flor de piel, y ser amada de la misma manera. Me gusta el amor a la antigua, con cartas, flores, velas y frases de libros. Me gusta bailar con una melodía de fondo y la luz tenue. Me gusta sentirme especial, única, aunque hayan millones de mujeres como yo en el planeta.
Sueño con una propuesta típica, pero para mi, súper especial, mi casa con vista a las montañas, tomar café en el patio, sentir el sol y compartir mis horas con esa persona a mi lado. Soy toda una romántica, y  amar no es insignificante para mi.
Si voy a amar, que sea genuino, que sea puro, y que sea con pasión. No espero menos.
Pero...
¿Qué pasa cuando volqué toda mi devoción en una persona que no siente lo mismo?
¿Qué debo hacer cuando ya me embarré hasta la cabeza?
¿Cómo salgo? o ¿debería quedarme?
Se me cruzaron las sendas, ¿a quien debo amar más? ¿A mi misma? ¿A él? ¿Y por qué mi respuesta es siempre: ÉL?